A una semana del V Seminario de la Red de Ciclovías Recreativas de las Américas (ciclopaseos dominicales con cierre temporal de vías), y después de haber visitado el ciclopaseo de México sobre la gran avenida de la Reforma, cientos de preguntas me han asaltado en estos días, ligadas sobretodo a la historia urbanística de las ciudades.
México Distrito Federal, una ciudad de 28 millones de habitantes, es el conglomerado urbano más grande del continente americano y segundo después de Tokio. Con sus 16 delegaciones (o subdistritos), 400 colonias (o barrios) y 7 millones de autos (1 automóvil cada cinco habitantes), aparece como una ciudad de llamativos contrastes: fastuosas avenidas, que parecen autopistas, como el paseo de la Reforma o la Avenida de los Insurgentes, hasta zonas de íntimas callejuelas o de fascinantes estratificaciones históricas.
Lo poco que pude ver a bordo de una bicicleta prestada por el Gobierno Federal (Municipio), me aproximó hacia avenidas con enormes rascacielos como el World Trade Center, la Torre Mayor (225 metros de alto), la Torre del Caballito, la de Contigo o la Torre Altos. Sin embargo, cruzar en bicicleta de un extremo a otro es literalmente imposible, tanto en tiempo, conectividad y sobretodo, seguridad. Algunos amigos mexicanos que viven años en D.F. me cuentan de su imposibilidad de conocer toda la ciudad por sus enormes distancias y también zonas inseguras. México, al igual que muchas ciudades latinoamericanas, ha sufrido el boom demográfico del siglo XX y principios del XXI. Con barrios periféricos sin identidad que crecen desordenamente, la ciudad hace frente al fuerte flujo migratorio que bordea los 700.000 habitantes por año.
Con sus 24 km de recorrido, la ciclovía recreativa de México "Muévete en bici" nos aproxima al Zócalo, una de las plazas más grandes de América, que se extiende a los pies de la catedral más antigua de América y el Palacio Nacional, sede del gobierno, cuyos cimientos fueron puestos por el conquistador Hernán Cortés y que guarda tesoros como murales del afamado artista Diego Rivera.
Un poco más allá se pueden admirar los restos del Templor Mayor, santuario azteca redescubierto en 1978 cuando se construían los túneles para la red del metro. De vuelta a la ciclovía, encontramos el Palacio de Bellas Artes que se va hundiendo año tras año unos milímetros, porque está asentado sobre un gran pantano, al igual que muchas edificaciones monumentales en D.F.
México también es una ciudad para sentir y probar. Cada esquina puede albergar decenas de taquerías ambulantes, que se disputan el espacio ante la colonización de las hamburguesas y los hot dogs. En el Bosque de Chapultepec, el parque urbano interior más grande del mundo, cada mañana cientos de trotadores/as salen a ejercitarse en sus más de 600 has. En este parque está la casa del presidente, el castillo de Chapultepec, un zoológico y varios museos, entre ellos el Museo Nacional de Antropología, obra arquitectónica impresionante que posee la colección precolombina más grande del mundo. Al interior de este gran parque unos cuantos lagos nos cuentan del último residuo de la mítica ciudad del agua que era México, antes de la llegada de Hernán Cortés. Se dice que en aquel tiempo, la capital de los aztecas era un conjunto de pirámides, jardines colgantes y palacios separados por puentes y canales que se levantaban sobre un inmenso lago. Además era el conglomerado urbano más poblado del mundo que para esa época ya superaba los 200.000 habitantes.
Estos enormes contrastes de una ciudad con 1500 km2 y un sobrevuelo de más de 15 minutos en avión y que aún no avisoraba ni el inicio ni el fin de esta megápoli, me hicieron roer por un tiempo algunos libros sobre historia urbanística de las grandes ciudades del mundo y cientos de incógnitas aún no resueltas me desbordan en la mente.
Una de ellas es si las grandes obras arquitéctonicas de las ciudades, que son las que producen turismo, premios y reconocimientos internacionales, dinamismo económico y a su vez desarrollo urbano, son producto de la audacia, inteligencia, sagacidad y mentalidad visionaria de sus reyes, zares, alcaldes o gobernantes o si fueron producto de las familias más poderosas de cada ciudad que hicieron gala de sus grandes fortunas en fastuosos palacios, villas y jardines o también de la influencia de sus creencias religiosas sobre la política, el Estado y la vida urbana.
Citemos por ejemplo, el caso de San Petersburgo, ciudad erigida e ideada por Pedro el Grande, zar de todas las Rusias, quien el 16 de mayo de 1703 llegó al frío y pantanoso delta del río Neva y dijo ante sus soldados: "En este lugar el destino nos manda que construyamos una ventana sobre Europa". Aunque esta frase fue atribuida por Alexander Pushkin, uno de los hijos más célebres de esta ciudad, él quiso dar un tono mítico al nacimiento y destino de una de las ciudades más bellas de Europa. Fue quizás la determinación y testarudez de Pedro el Grande, lo que dio origen a preciosos edificios como el del Almirantazgo o la Catedral de San Isaac, cuya cúpula contiene más de 100 kilos de oro. Stalin prefirió construir palacios del estilo realsocialista y algunas espléndidas estaciones del metro.
No así el caso de Florencia o Roma donde las familias más acaudaladas en los últimos 5 siglos, hicieron gala de sus fortunas construyendo hermosos palacios, jardines y villas que hoy son símbolos identitarios para sus pobladores como para los turistas.
O Bangkok en Tailandia, donde las diferentes dinastías ponían las primeras piedras de cada templo budista que se iba levantando, y luego los grandes centros financieros y comerciales iban levantando rascacielos en una ciudad que irrumpió en la modernidad de un día para otro, y que hoy con sus ocho millones de habitantes, es la ciudad más visitada del sureste asiático y también la que más tráfico y contaminación presenta.
De vuelta a México D.F., pensar que si algún día las bicis se toman sus calles puede ser una osadía o un atrevimiento, es sin duda una forma de soñar despierta y contagiar a los más incrédulos, avisorando que las ciudades, creaciones humanas bellas y terribles, dejan a su paso huellas inexpugnables en el corazón de los bosques, selvas, ríos y montañas que aún nos quedan.
Alexa Velasco é Coordenadaora de Transporte Não-Motorizado da Secretaria de Mobilidade de Quito/Equador












